MONOCICLO

MI AVENTURA CON EL MONOCICLO

Hacía mucho que me rondaba por la cabeza la idea de montar un monociclo. Hace unas semanas encontré uno que alguien regalaba delante de su jardín y, como estaba prácticamente intacto, decidí probarlo.

En este experimento iniciado el 11.06.26 trato de aplicar la idea que rige esta página: El cerebro aprende no porque uno quiera o lo decida así, sino para ahorrar energía. Y esto solo puede ocurrir si la tarea se repite, de ser posible a diario. Entonces el cerebro ‘entiende’ que es relevante y empezará a automatizar movimientos para poder conseguir ese ahorro de energía. Imagino que por eso una rutina es importante, no tanto porque garantiza la práctica diara, sino porque repite sistemáticamente la relevancia de la tarea.

Por otra parte, para poder guiarnos por el mundo, el cerebro crea modelos de él. En este caso, lo enfrento a un alto número de posibilidades (movimientos en diferentes direcciones) que debe realizar o evitar para que no me caiga.

Ese número de posibilidades no solo es alto, también es caótico e hipercomplejo, pues depende de muchas variables: posición del cuerpo, del monociclo, de la rueda, de los pedales, de la inercia, de cada cambio de posición, etc. Es algo que requiere un alto consumo energético y, por lo tanto, algo que detesta el cerebro.

Si la tarea desaparece, el cerebro no aprenderá. Si la tarea persiste, el cerebro se verá obligado a organizarse de tal manera que pueda cumplir con sus gastos de energía, incluyendo los necesarios para mantener el equilibrio. Conseguirlo resulta, así, no una cuestión de talento o inteligencia. Es una simple cuestión de ahorro de energía.

Mi sospecha es que este principio vale para todo. O sea, el cerebro aprende gracias a un número suficiente de experiencias con las que descubre regularidades que le permitirán automatizar la tarea en cuestión. Pero necesita una muestra suficientemente grande de experiencias, pues con muy pocas las conclusiones serían tan poco fiables como una encuesta realizada a solo cinco personas. Recién con cientos o miles de intentos empezará a reconocer patrones que le permitirán construir un modelo más preciso de cómo mantener el equilibrio.

Esto quiere decir que cualquier persona puede aprender más o menos cualquier cosa a cualquier edad, si crea las condiciones para que ese alto número de experiencias ocurra.

BITÁCORA DEL MONOCICLO


07.07.26:

¡Lo conseguí! Mi cálculo inicial había sido de solo un par de semanas, que luego corregí a 1-2 meses, así que menos de un mes cae justo en el medio. Acababa de anotar que ya me siento seguro sobre el sillín, acaso porque ya sé cómo caer, que es lo más importante. Como se puede ver en el video de este día (24), primero me caí. Pero luego, notando que estaba tratando de dirigir mis movimientos desde el miedo (a caer), dejé que mi cerebro entrenado para mantener equilibrio tomara el mando. Y ahora sí pude recorrer mi primer par de segundos ‘sin manos’ sobre el monociclo. Debo confesar que me alegro, pero no me asombra, pues era lo que esperaba: que el cerebro hiciera su trabajo, de acuerdo a cómo lo había entrenado. Solo era una cuestión de tiempo. Hasta qué punto podría haberlo conseguido en menos tiempo, ya es otro tema. Ahora la tarea consistirá en estabilizar lo logrado, hasta conseguir moverme libremente con el monociclo. Calculo unas 2 semanas para ello.

Semana 4: 06.-11.26:

Es la primera vez que me siento confiado y seguro de poder conseguir mi objetivo, no solo capaz, como si los dos días de pausa le hubieran permitido a mi cerebro reorganizar mejor lo aprendido. De hecho, así es como se aprende todo: no solo durante la práctica, sino durante las pausas y el sueño, que es cuando el cerebro consolida lo aprendido. Creo que si hubiera practicado en otras instalaciones, pues me he adaptado a lo que hay, me habría ido mejor; pero solo es una suposición. Por otro lado, he seguido una especie de progresión ‘natural’: primero práctica del equilibrio y luego de la seguridad al caer. Me falta ahora practicar el avance y saber caer cuando no funcione.


Semana 01.07.-05.07.26:

Esta semana quiero empezar a avanzar varios metros hacia adelante. Ya me siento capaz. Este es por el momento mi máximo reto. Lo bueno es que ya me siento bastante cómodo al subir y acaso en lo más importante: saber caer. Aquí noto que este entrenamiento me ha traído esa ventaja adicional, que no estaba en el plan inicial: porque saber caer es importantísimo. Lo noté hace poco cuando iba en bicicleta: me caí dos veces al detenerme en una esquina y no tuve ningún problema para reincorporarme y seguir. Muchos adultos mayores no sobreviven una fractura de cadera no por la fractura en sí, sino por el devastador impacto de la inmovilidad prolongada. En otras palabras, como suelo decir: «Si no hay movimiento, solo hay morimiento». Este experimento me está dando, así, la posibilidad de exigirle a mi cuerpo movimientos y posibilidades que tal vez nunca utilicé antes, con todo el beneficio mental que ello significa.


Semana 25.-30.06.2026:

Ya me muevo con bastante confianza y puedo montar y desmontar como si llevara meses practicando. Lo que acabo de notar es un error de concepción, pues el hecho de sujetarme a la cuerda reduce notablemente mi radio de movimiento. Es decir, he estado practicando sobre todo el equilibrio y no el avance, que solo es de unos dos metros. Y esa distancia es muy corta para practicar el equilibrio al avanzar. Creo que a partir de la próxima semana le pediré a alguien que me acompañe tomándome de una mano. Ya me siento lo suficientemente seguro como para intentarlo.


Semana 18.-24.06.2026:

Poco a poco se me va haciendo más fácil subir y bajar del monociclo. El miedo de caer ahora es casi nulo, a pesar de que ya me ha ocurrido, aunque todavía me aferro fuertemente a la cuerda de seguridad. He empezado a explorar qué pasa cuando avanzo y retrocedo. Tomará su tiempo hasta que lo haga confiadamente, aunque en los últimos días noto que la cuerda ha pasado a un segundo plano.


Semana 11.-17.06.2026:

La primera sensación sobre el monociclo es la de un señor que no parece tener en absoluto el control sobre su cuerpo, casi como si estuviera borracho o tetrapléjico. Por suerte, ya sé que percibir cierta indefensión es común a todo aprendizaje al comenzar y, además, me sujeto de una cuerda fija al techo. Con todo, noto todas las posibilidades que existen de caer como si yo mismo solo fuera una pieza de gelatina. Durante los siguientes días me limitaré a dejar que mi cerebro explore esas posibilidades. Seré como un bebé que explora su entorno gateando, pero sin alejarse demasiado de su madre. Visto así, es divertido. Como recuperar la infancia.

GRUPO 1: PRIMEROS PASOS

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GRUPO 2: CONSOLIDACIÓN

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Clips del progreso diario.

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