¿SABES OTRO IDIOMA, PERO TE BLOQUEAS AL HABLARLO?
No es falta de conocimiento. Es de entrenamiento.
Lo viví en carne propia. Hasta que llegó la pandemia y decidí hacer fluidas mis otras 5 lenguas. Hablar otro idioma es como una nueva coreografía para tu boca y tu lengua. Tienen que aprender a moverse para emitir sonidos diferentes. El resto es entrenamiento. Casi como un deporte.

Mi actual experimento puede servirte
Hace poco tuve que pasar por mi dentista para un control y volví a sentir cierta nostalgia por aprender un nuevo idioma. Vivo en Alemania y, por donde vayas, es común escuchar turco, árabe, ruso, polaco, inglés, italiano, el dialecto de Colonia y el español, entre otras lenguas.
En la sala de espera, por ejemplo, había una rusa con su teléfono en la mano y parte del personal hablaba griego, pues la dentista nació en Atenas. De pronto, la mujer rusa encendió una radio sin querer y, como el volumen había sido relativamente alto, se disculpó.
-Eso es ruso -dije enseguida. Y ella asintió, algo avergonzada.
Le expliqué que lo decía porque he empezado un experimento: oír ruso a diario, apenas me levanto. Ella apenas entendía alemán, así que creo que no me entendió. Me dijo que estaba aprendiendo y le recomendé una de las técnicas más poderosas que conozco y he experimentado en varios idiomas: la audición acelerada.
Cuando una alumna o alumno me dice que no entiende porque el que habla lo hace muy rápido, le digo que doble la velocidad. Es contraintuitivo, pero si se efectúa se produce algo extraño: al comienzo no se entiende nada o muy poco, pero si uno se concentra y esfuerza, empieza a entender. Pero lo mejor viene cuando se vuelve a la velocidad normal. ¿Qué sucede entonces?
¡Parece que se hablara en cámara lenta!
Se debe a que el cerebro se ha visto obligado a concentrarse más y a hacer mayor inversión de sus recursos, de modo que, cuando la velocidad normal se recupera, se pasea, por así decir.
Volviendo al tema inicial, mi experimento consiste en escuchar ruso apenas me levanto. Para el caso he descargado una apli con radios de todo el mundo en mi teléfono.
Empecé con 5 minutos diarios, que los realizo mientras hago mi gimnasia mañanera. (Integrar una nueva rutina dentro de otra ya establecida, es una potente estrategia.)
Estuve así más o menos una semana, hasta que empecé a reconocer cada vez más palabras.
El cerebro es una máquina predictiva. Está adelantándose a los acontecimientos todo el tiempo. Es su forma de ayudarnos a sobrevivir y ahorrar energía, dos de sus principales actividades, aparte de buscar pareja (para la supervivencia de la especie), protección y comida.
Eso lo lleva a estar buscando todo el tiempo patrones, modelos, causas, efectos, atajos y figuras en todo, incluso en las nubes del cielo. Si escucha 100 palabras distintas cada vez, por ejemplo, y entre ellas se repiten algunas -digamos 5-, a la tercera o cuarta vez lo notará y se alegrará de haberlas descubierto.
El caso es que se me ocurrió preguntarle a la IA por el significado de las palabras que creía reconocer. (Uso varias IA: Chato Getepé, Google IA, Perplexity y Ábacus.)
Como el ruso usa otro alfabeto (el cirílico), el primer y acaso mayor escollo es el de descifrar lo escrito; pero seguido de otro no menor, pues de nada vale poder leer si igual no sabes lo que significa.
Por suerte, a pesar de que escribía cada palabra como si fuera de nuestro idioma, la IA podía reconocerla.
Y ahí empezó otro juego. Literalmente.
Porque entonces ahora ya no solo se trataba de acostumbrar mi oído a las diferentes voces rusas de la radio, sino también de reconocer palabras como si fuera un juego. Y no hay nada mejor para aprender que hacerlo jugando, que es como aprenden los niños.
Me quedé tan fascinado y he aprendido tanto en tan poco tiempo, que he agregado el griego a ese juego, solo para ver qué sucede.
Había pensado que sería una carga cognitiva excesiva, pero como me concentré solo en la música del idioma, no ha sido así, al contrario.
El ruso tiene varios sonidos que no existen en nuestro idioma, mientras que el griego puede llegar a parecerse al castellano (al ibérico, especialmente, por las zetas). Así que me ha resultado más ‘fácil’ adaptarme a esta nueva lengua.
De hecho, después de dos días ya he empezado a reconocer muchos prefijos, sufijos y raíces del griego que suelen usarse en el idioma de Gabriela Mistral, Juan José Millás, Javier Cercas y Rubén Darío.
No tengo la más mínima idea de adónde me lleven estos dos experimentos. Pero me estoy divirtiendo, que es la mejor forma de aprender y acaso vivir.
Imagino ahora una clase de inglés, donde en la pizarra corre un video y los alumnos escuchan atentos porque la tarea consiste en reconocer las palabras que se dicen.
Para ello, cada uno tiene un timbre sobre su pupitre, que debe pulsar si reconoce alguna.
Si se equivoca, pierde y sale del juego. Si tres veces no pulsa el timbre, también.
Al comienzo la tarea sería fácil, porque se reconocerían muchas palabras comunes, que se irían descartando, haciendo el juego cada vez más difícil. Más aún: incluso los eliminados continuarían atentos para ver quién gana, de paso que siguen aprendiendo.
En todo caso, sería una actividad menos aburrida que escuchar al profesor explicando la gramática o tomando un examen escrito.
La escuela, en realidad, no está para que aprendas todo. Pues, si lo consigues, ya no tendrías que asistir. De hecho, en esta era digital más o menos cualquier información está al alcance de un clic. Salvo aprendizajes complejos, como aprender un nuevo idioma.
Suerte en mucho.
Holger
PD: El griego lo escucho cuando me preparo el desayuno o el almuerzo, así lo integro a una actividad rutinaria sin esfuerzo.

Cómo preparar tu cerebro para un nuevo idioma
01
Una buena pronunciación es fundamental
Si bien un idioma tiene tres aspectos principales (el mecánico: encargado de la pronunciación, el auditivo: responsable de la comprensión oral, y el cognitivo, que descifra cómo se organizan las palabras), el método tradicional se concentra en este último, o sea, en la gramática.
Pero si te entrenas para pronunciar bien, entenderás bien también, pues tu cerebro reconocerá los sonidos que él mismo puede producir.
Por el contrario, si pronuncias mal es como si te llamaran por tu nombre mal pronunciado:
No lo reconocerás, como le pasa a muchos en la sala de espera de un médico o de un aeropuerto.
Además, al entrenarte para pronunciar bien, aprenderás automáticamente el vocabulario usado y la gramática correspondiente de tanto usarlos.
02
Tu cerebro necesita errores
Y mientras más, mejor.
Si, además, los errores se realizan en el menor tiempo posible, la eficacia aumenta.
(No es lo mismo practicar cinco tiros con una pelota de básquet al tablero en una hora, que hacerlo en pocos segundos.)
Mis métodos -intencionalmente contraintuitivos- están diseñados siguiendo esa idea.
Así, en un Remedeo de 5 minutos, por ejemplo, se habrán pronunciado 800 palabras, a un ritmo de 180 por minuto. Un número que difícilmente se llega a alcanzar en una clase tradicional.
En otro entrenamiento (que llamo Jazz Oral), se trata de hablar rápidamente y sin pausas, sin preocuparse por los errores, durante 10, 20, 30 o 60 segundos.
De esa forma se entrena al cerebro a recurrir rápidamente al vocabulario ya asimilado y a no concentrarse en los errores.
03
Una máquina que predice sin cesar
El cerebro es una máquina predictora que nunca se detiene.
Y es gracias a sus predicciones y cálculos (apuestas) que podemos movernos sin tener que mirar cada momento dónde pisamos, por ejemplo.
Para ello, el cerebro crea modelos del mundo exterior. Y, para mejorarlos, necesita saber qué no funciona. Y para ello necesita los errores.
Pero, así como para confeccionar la estadística de divorcios de un país es mejor contar con miles de parejas que con solo cinco (todas podrían estar divorciadas), es mejor recurrir a una ingente masa de material (lecturas, videos, audios), para que el cerebro pueda crear y mejorar sus modelos sobre la pronunciación, el vocabulario y la gramática. A mayor masa, mejores predicciones.
Suena intimidante, pero eso es lo que encuentra todo bebé al nacer.
Una rutina mínima como primer paso, es la mejor garantía a largo plazo
Algunos principios
En la enseñanza tradicional el profesor explica a los alumnos, quienes escuchan pasivamente, sentados.
Con suerte, algo se les quedará en la memoria… si han prestado atención y el tema les interesa.
En los idiomas esta forma de enseñanza es más inefectiva aún, pues, para empezar, si el cerebro necesita errores para aprender, ¿en qué momento de la clase los puede cometer el alumno?
Peor aún, si el cerebro necesita de ingentes datos para poder hacer predicciones y crear modelos, con solo una o dos horas de clase a la semana, apenas lo conseguirá (si no lo ha olvidado ya todo antes).
Si a eso le sumamos el poder de la vergüenza (mucho mayor de lo que se cree: hay quienes esconden su verdadero yo toda su vida para no someterse al escarnio de los demás), ya tenemos por lo menos una explicación de por qué en la escuela o colegio no se aprende un segundo idioma: ¿quién se va a atrever a hablar algo que no domina y sabiendo que se burlarán? (Salvo excepciones, claro. Yo no fui una.)
Por ello, cuando me prometí que mis alumnos alemanes iban a terminar hablando fluidamente mi lengua, traté de concentrarme inicialmente en esos tres puntos:
1) Maximizar el número de errores.
2) Minimizar, a la vez, el tiempo de ejecución, para aumentar la efectividad. (No es lo mismo lanzar 5 veces la pelota a la canasta en una hora, que hacerlo en 1 minuto, por ejemplo.)
3) Cómo ejercitarse a diario, sin que eso suponga tedio ni tiempo robado a otras actividades.
Así llegué a la rutina mínima que recomiendo.
Todos sabemos imitar
Como su nombre lo indica (MoviLinguas): la mejor forma de ejercitarse para mover la lengua de determinadas maneras es ¡ejercitándose en moverla de esas determinadas maneras! Nadie puede convertirse en maratonista mirando videos sobre maratones sentado en un sofá. Lo bueno es que, una vez que lo interiorizas, tú mismo/a empiezas a querer leer o repetir todo, proactivamente, pues ves que funciona y te motiva.
Flexible
El «cuándo» y «dónde» tú lo decides. Pero te recomiendo una rutina (un hábito con una hora y un lugar fijos) como el camino más efectivo para conseguir tu meta. El «qué» también lo decides tú: los videos o audios (pódcast) a elegir. Luego aquí encontrarás cómo proceder con el material elegido.
Adiós vergüenza y timidez
Entrénate en el idioma que deseas aprender, cometiendo el máximo número de errores (la forma en que aprende el cerebro) en el menor tiempo posible (para aumentar la efectividad). Y todo eso sin que nadie te escuche, te juzgue, te mire raro o se ría de ti, pues lo harás a solas. Tu futuro cambiará cuando decidas «salir» a probar lo aprendido. Pero, ojo: nadie es perfecto, así que hay que estar preparados para soportar los momentos de duda e inseguridad. Como en la vida misma.
Muchísimas gracias profesor, su charla estuvo magistral.
R: Gracias a ti, Patricia, por asistir y participar tan activamente. HjV
Muy agradecido por las enseñanzas aprendidas, super recomendado.
R: Gracias a ti por participar en el Laboratorio Movilinguas, Thiago.