MONOCICLO

¿Por qué hago esto?

En este segundo experimento iniciado en junio (2026) trato de probar si puedo llegar a mantenerme sentado en el monociclo y despazarme. La base de la que parto es la misma: enfrento al cerebro a un alto número de posibilidades, en este caso de movimientos, que debe realizar para que su dueño no se caiga. Ese número no solo es alto, también es caótico e hipercomplejo, pues depende de muchas variables: posición del cuerpo, del monociclo, de la rueda, de los pedales, de la inercia actual, etc. Es un escenario que requiere un alto consumo energético y eso es algo que detesta el cerebro. Si la tarea desaparece, el cerebro no aprenderá. Si la tarea persiste, el cerebro se verá obligado a organizarse de tal manera que pueda cumplir con sus gastos de energía, incluyendo los nuevos que requiere la tarea de marras. En otras palabras, conseguirlo no será una cuestión de talento, inteligencia o cierta predisposición. Mi sospecha es que este principio vale para todo. Es decir, cualquier persona (salvo contadas excepciones) puede aprender más o menos cualquier cosa a cualquier edad. Basta, en principio, persistir en la tarea y tener paciencia y buen humor. Es la forma en que juegan los niños y lo hacen para aprender.

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