LABORATORIO EN EL COLEGIO SAN VICENTE
Un reto para MoviLinguas
Un reto es, casi por definición, una pregunta; en el sentido de que cualquier reto puede ser formulado como tal.
Esta vez Edgardo Palomino, el simpático, proactivo y visionario director del colegio San Vicente, me invitaba a demostrar mi método con una decena de niños de primaria de su centro de estudios.
Se trataba de varios retos a la vez, en realidad:
1) Comprobar si el método MoviLinguas también funciona para niños de primaria.
2) Si se consiguen resultados notables con pocos minutos de práctica diaria.
2) Si es posible aplicarlo grupalmente.
3) Si bastan dos reuniones semanales virtuales de supervisión y control por Zoom.
Añadí un reto:
4) Que fueran dos los idiomas a entrenar/aprender: inglés e italiano.
Había un reto mayor, en realidad: alcanzar todo ello en solo cuatro semanas.
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Entre otros detalles destacables estaba el de que no se necesitarían libros ni cuadernos.
Solo un celular o computadora (con acceso a la Red)
y unos auriculares.
Y más importante aún:
Comprometerse a una práctica de por lo menos 10 minutos diarios durante cuatro semanas, siguiendo los pasos que yo les indicaría.
El material a usar (videos cortos de YouTube) se los proporcionaría yo.
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Personalmente, tenía más preguntas:
¿Sería posible realizar las reuniones por Zoom con la agilidad de una reunión individual?
Nunca había dirigido «clases» (prefiero decir «entrenamientos») grupales de idiomas de más de tres participantes de modo virtual, así que estaba entrando en terreno desconocido.
Además, se trataba de niños, es decir, de personas con la inquietud, energía y ganas de moverse propias de su edad.
¿Soportarían estar sentados una hora entrenándose en inglés e italiano?
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Por mi mi parte, sabía que mi método funcionaría, siempre y cuando los niños cumplieran con su entrenamiento diario.
Por otra parte, para que perseveraran, aparte del apoyo de los padres, mi trabajo sería básicamente hacer reuniones divertidas.
(Quien se divierte, regresa.)
En el fondo, de lo que se trataba era comprobar si el Remedeo (la versión extensa y consistente del «shadowing») también podía reactivar la ventana sensible del lenguaje niños de primaria.
Para mí era obvio.
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Lo más complicado sería cómo iba a capear los posibles problemas que se pudieran presentar.
Incluso lo que parecía una desventaja (que empezaran de cero en italiano), era para mí una ventaja, pues podría «escribir» en sus páginas en blanco, por así decir.
En inglés seguro que ya habían conocido las críticas y correcciones, incluso las burlas. Y, aunque no hubiera sido así, en cuestión de idiomas suele flotar en el ambiente cierta vergüenza (que suele ser más poderosa de lo que se cree).
Por otro lado, parte de mi trabajo iba a consistir en estar atento y desarrollar todos aquellos puntos y aspectos que pudieran servirle a Edgardo -el director- en su afán de elevar notablemente el nivel de inglés de todo el colegio.
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Pues bien, la primera semana fue relativamente caótica, más de lo que esperaba.
Jugaba a mi favor, aparte de mi experiencia como entrenador de idiomas y exprofesor de matemáticas para preuniversitarios, el hecho de haber sido entrenador de fútbol de infantiles y juveniles. Además, soy padre de dos chicas y dos chicos.
Pero también me ayudaron las sonrisas y las ganas de Arianna, Layla, Thiago, Amir, Iker, Benjamín, Yarzed, Santiago y Kael, además de Arlette y Axcel (desde aquí ¡otro aplauso y gracias mil!).
El resultado final me ha sorprendido mucho más de lo que esperaba y había imaginado.
La pregunta sería, ¿ha sido solo una casualidad?
¿O es posible replicar en cualquier grupo escolar ese excelente resultado?
HjV
