Aunque existen cientos de métodos para aprender idiomas (que aumentarán con la aparición de la IA y nuevas tecnologías) y la neurociencia avanza cada vez más, la habilidad para aprender de forma inconsciente las complejas y sutiles regularidades que subyacen a un idioma, sigue siendo uno de los fenómenos humanos más intrigantes y fascinantes.
Se sabe por experimentos, por ejemplo, que los bebés pueden reconocer si alguien, que está hablando un idioma A, de pronto pasa a hablar otro B o C.
También se sabe que los bebés aprenden a reconocer las palabras del idioma de su entorno por simples cálculos estadísticos. Eso sucede cuando sus cerebros empiezan a notar que después del sonido «pa», por ejemplo, suelen venir muy pocas posibilidades («pa», «to» o «ñal») que entonces forman conjuntos («papá», «pato» o «pañal»), que se repiten y reconocen en otros contextos u ocasiones. (La tecnología que usan los teléfonos inteligentes para textear se basa en ello.)
Y estos son solo dos ejemplos de las sorprendentes habilidades lingüísticas que poseen los bebés.
¿Otro ejemplo más fascinante aún?
Un grupo de investigadores del Grupo de Investigación en Ciencia Neurocognitiva de la Universidad de Barcelona ha observado que los bebés de entre 4 y 6 meses son capaces de distinguir dos idiomas diferentes solo basándose en los gestos faciales de las personas que los hablan. O sea, sin escuchar ningún sonido, solo leyendo los rostros de los hablantes.
Por otro lado, a pesar de que es obvio que la enseñanza tradicional de idiomas en las escuelas (incluso en las privadas y especializadas en el tema) no funciona, se sigue aplicando en todo el mundo, incluso en países industrializados como Alemania, donde vivo.
RECOMENDACIONES
Una de las características principales del método tradicional es su concentración en el vocabulario y en la gramática.
Además, como su ‘clientela’ rota todo el tiempo (no necesariamente para bien o mejor), tiende a separar a sus clientes por niveles y a guiarse por estos para planificar y ejecutar los planes de estudios.
¿Se imaginan a una madre o un padre en una reunión familiar diciendo: «Por favor, no hablen en futuro, porque nuestra pequeña hija todavía no conoce esa conjugación»?
¿O rogando el uso de un vocabulario reducido para no atarantar a su bebé?
El asunto se complica aún más al pasar al tema de la pronunciación, el mayor obstáculo para la gran mayoría.
Personalmente, gracias a estos ejemplos y a otros estudios y experimentos científicos, he podido hacerme una mejor idea de cómo funciona el aprendizaje de idiomas en los bebés y niños, pero solo una «mejor». Sigo sin conocer la totalidad del cuadro.
Tal vez alguna vez la ciencia -la neurociencia en particular- lo sepa.
Pero no pienso esperar.
Y, puesto que se trata de un «método» (por llamarlo de alguna forma) que la evolución ha ido puliendo a lo largo de decenas de miles de años, parto de que no sería descabellado adoptar algunas de sus mejores «técnicas», «ejercicios» y «entrenamientos» para aplicarlos al aprendizaje de idiomas en niños, jóvenes y adultos.
Para no aburrirlos desde un comienzo, aquí 5 recomendaciones iniciales:
1) Aprende un nuevo idioma (o mejóralo) como si se tratara de una herramienta. Es decir: usándola.
(«Learning by using», para parafrasear el «learning by doing».)
¿Cómo? Busca material (videos, audios, pódcast, artículos, páginas, libros) con temas que te apasionan.
(La curiosidad es tal vez el motor de conocimiento más potente. Si el tema te apasiona, siempre querrás saber más sobre él.)
2) En contra de lo que se suele creer, el cerebro no tiene ningún problema con grandes masas de datos.
(El problema lo tienes tú. Los bebés y niños aceptan como natural oír su idioma en todas sus formas gramaticales, de diferentes personas, voces y estilos, así como de los más variados temas y medios de comunicación. El cerebro es una máquina estadística: aliméntalo con datos. Los procesará sin que te des cuenta.)
3) Pronuncia, habla el idioma en cuestión por lo menos 15-30 minutos netos (efectivos) diariamente.
(La pronunciación es básicamente un fenómeno muscular. Una especie de coreografía ,que tienes que practicar para que tus movimientos se vuelvan fluidos y sedosos. Automatízalos para que te puedas concentrar en los otros aspectos del idioma.)
4) Créate una rutina diaria. Integra el idioma a tu vida habitual.
(Para que no tengas que luchar contra tu «cerdo interior», como se dice en alemán. James Clear me ha ayudado mucho al respecto.)
5) Aprende la técnica del REMEDEO, también conocida como «shadowing». Consiste en remedar, imitar, a un hablante como si fueras pisándole los talones.
(Los seres humanos somos imitadores por naturaleza. Cuesta un poco aprender a remedar, pero solo es cuestión de minutos de esfuerzo hasta que lo consigues.
Saludos cordiales
Holger V.